El convento original de Nuestra Señora de la Concepción de Hermanas Franciscanas Concepcionistas, levantado hacia 1515 fuera del casco urbano, fue trasladado a este edificio del que nos ocupamos, en el centro de la villa, a finales del siglo XVI. A lo largo de esta centuria y de la siguiente fue sometido a diversas obras de reparación.

Hoy solo resta la iglesia, la cual, si bien sometida a una discutible modificación hace unos años, se presenta como un equilibrado templo con una única y airosa nave de 22 metros de largo por 7 de ancho, articulada en cinco tramos marcados por pilastras toscanas, llegando a la cabecera cuadrada, cubierta con una gran media naranja, a través de un triple arco toral. Diversas molduras sugieren ilusoriamente los brazos del crucero y las capillas laterales. Se cubre la nave con bóveda de cañón con dobles fajones y lunetos de triple trazado, lo que proporciona a las superficies una atractiva animación. A los pies se ubica el coro, que ocupa el primer tramo de nave.

Muestra el exterior la forma de un enorme cajón con cimborrio cuadrangular coronado por un linternillo ciego. La -por desgracia- muy restaurada espadaña consta de tres huecos, dos cuerpos, siendo sus superficies muy quebradas por frisos, cornisillas y aletones.